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CAMPAÑA DE SAÚDE DO PROXECTO GAMELA

La promoción de la salud es un tema prioritario en sanidad, y se refiere al desarrollo y fortalecimiento de aquellas conductas y estilos de vida que conducen a lograr un estado de vida saludable. Existe una clara relación entre la conducta de las personas y su estado general de salud, el estilo y calidad de vida determina cómo se siente la persona en términos de salud.

Definitivamente existen hábitos, producidos por la forma de vida de las urbes y por la sociedad de consumo, que son nocivos para la salud, tanto física como psicológicamente

 

Desde los orígenes de la humanidad, la salud y la enfermedad, han sido fuente de preocupación para el ser humano. Hasta bien entrado el siglo XX, la salud se conceptualizó como la ausencia de enfermedad.

En las últimas décadas hemos asistido a un giro en la conceptualización de salud, considerándose a la misma como algo que hay que desarrollar y no como algo que hay que conservar. "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de dolencias o enfermedad" (OMS, 1947). Esta conceptualización positiva, incluso utópica, nos lleva a abordar la misma como un concepto multidimensional, que considera sus aspectos biológicos, psicológicos y sociales.

Un segundo factor, que ha contribuido al cuestionamiento del quehacer en el campo de la salud ha sido el coste elevado de los cuidados de salud. Los costes médicos cada año suponen una mayor porción del producto interior bruto.

 

COMPORTAMIENTO Y SALUD

 

El factor más decisivo en ese nuevo enfoque en el campo de la salud, ha sido el que las principales causas de muerte ya no son las enfermedades infecciosas sino las que provienen de estilos de vida y conductas poco saludables. Hoy casi ningún profesional de la salud duda del impacto de nuestra conducta diaria en la salud y en la enfermedad. En la actualidad hay evidencia más que considerable de que las causas de la enfermedad radican en la conducta y el estilo de vida del individuo.

Las enfermedades infecciosas tales como la gripe, rubeola, la tos ferina, etc., causadas por microorganismo específicos fueron erradicadas a través de las vacunas y de cuidados médicos adecuados.

Sin embargo, en la actualidad los patrones de morbilidad y mortalidad difieren considerablemente de los de comienzo del siglo XX. En 1900, la neumonía, la gripe y la tuberculosis eran tres de las cuatro principales causas de muerte. Sin embargo, en 1988, las principales causas de muerte fueron la enfermedad coronaria, los ataques fulminantes, y el cáncer; dolencias que se deben en parte a la conducta y estilo de vida del sujeto.

Las enfermedades crónicas obedecen en la mayoría de los casos a conductas y estilos de vida inadecuados de la gente, y las infecciosas, son causadas por bacterias y virus. Por eso, las vacunaciones, las mejoras sanitarias y otras medidas públicas fueron efectivas para combatir las principales causas de mortandad de comienzos de siglo, pero dichas medidas son de escaso valor para afrontar los patrones de enfermedad y mortalidad actuales.

 

 

SALUD, ENFERMEDAD, ESTILOS DE VIDA Y ENTORNO DEL INDIVIDUO

 

 

Por patógenos conductuales entendemos aquellas conductas que

incrementan el riesgo de un individuo a enfermar (ej., fumar, beber alcohol). Por contra, los

inmunógenos conductuales son todos aquellos comportamientos que hacen a uno menos

susceptible a la enfermedad

 

En los estudios hechos se observa una

clara relación entre la longevidad y las siguientes siete conductas de salud: (Belloc, 1973; Belloc y

Breslow, 1972): 1) dormir de 7 a 8 horas; 2) desayunar casi todos los días; 3) tres comidas al día,

sin picar entre comidas; 4) mantener el peso corporal dentro de los límites normales; 5) practicar

ejercicio físico regularmente; 6) uso moderado del alcohol o no beberlo; y, 7) no fumar.

.

Todo lo anterior ha desembocado en una idea hoy bien asumida de la necesidad de hacer

prevención (prevención primaria) (), la cual consiste en adoptar medidas para prevenir

la enfermedad en aquellas personas que actualmente gozan de buena salud. La prevención primaria

implica dos estrategias: 1) cambiar los hábitos negativos de salud de los sujetos (ej.,

fumar, beber, dieta) y 2) prevenir los hábitosinadecuados desarrollando en primer lugar hábitos positivos y animando a la gente a adoptar los mismos (ej., programas de prevención de fumar entre los adolescentes)

 

En la actualidad, adoptar una perspectiva focalizada en el tratamiento de la gente, una vez

que hayan enfermado, es probablemente la menos adecuada en cuanto a la relación coste-eficacia

en el cuidado de la salud. Procedimientos médicos tales como los trasplantes, la hemodiálisis, la

cirugía, etc., suponen un gasto excesivo

 

Estos gastos ingentes que acarrean

los costes médicos debería ser un factor más que ayudara a la reflexión y al cambio a un enfoque

preventivo, esto es, orientar los esfuerzos a la detección temprana de la enfermedad y a la

modificación de conductas y estilos de vida

 

Las conductas de salud no ocurren en un vacío. Para comprender las mismas uno debe analizar los

contextos en que tienen lugar. Estos contextos comprenden una constelación de factores personales,

interpersonales, ambientales, institucionales, que incluyen aspectos como política pública, ambiente

físico y social, prácticas institucionales e influencias interpersonales

 

Las conductas de salud que realiza una persona también pueden obedecer a la percepción subjetiva

de determinados síntomas, esto es, la susceptibilidad percibida. Entendemos por ello, las

percepciones individuales de la vulnerabilidad personal a enfermedades o accidentes específicos. La

naturaleza (percepción de susceptibilidad) y la intensidad (severidad percibida) de estas percepciones puede afectar de manera importante a la hora de adoptar o no una conducta concreta.

 

 

Por último, el repertorio de conductas saludables de una persona también son función de factores

emocionales y cognitivos (determinantes psicológicos). Los estados y necesidades emocionales

pueden desempeñar un papel primordial en las prácticas de salud. Niveles altos de distrés emocional

no ayudan a que la gente se implique en la realización de hábitos que favorezcan su salud tales como

el no fumar, hacer ejercicio, desayunar, etc. (Leventhal et al., 1985). Los estados emocionales

negativos aparentemente interfieren con las conductas saludables, aunque el distrés emocional puede

también conducir a uno a buscar atención médica (Cfr. Mechanic, 1978)

 

 

Además de los factores emocionales, la práctica de conductas de salud obedece a los pensamientos

y las creencias de las personas lo que

una persona crea o piense de una determinada amenaza para la salud no tiene porque ir a la par con

la comprensión médica objetiva de la misma (Leventhal, Nerenz y Steele, 1984). Por ejemplo, si una

persona cree que el SIDA sólo afecta a los homosexuales y a los usuarios de drogas por vía

intravenosa, es poco probable que utilice preservativos cuando tenga relaciones sexuales.

 

LA PROMOCIÓN DE ESTILOS DE VIDA SALUDABLES

La promoción de estilos de vida saludables implica conocer aquellos comportamientos que mejoran

o socavan la salud de los individuos. McAlister (1981) entiende por conductas saludables aquellas

acciones realizadas por un sujeto, que influyen en la probabilidad de obtener consecuencias físicas y

fisiológicas inmediatas y a largo plazo, que repercuten en su bienestar físico y en su longevidad. En la

actualidad, se conoce un número importante de comportamientos relacionados con la salud,

apresados a través de la investigación epidemiológica. A continuación exponemos algunos de los

más importantes

 

1. Practicar ejercicio físico. Realizar una actividad física de modo regular (ej., dar largos paseos)

es el vehículo más adecuado para prevenir el comienzo de las principales patologías físicas y

psicológicas que afectan a la sociedad desarrollada. También es útil para atenuar el grado de

severidad cuando el sujeto ya presenta la enfermedad Los principales beneficios

del ejercicio sobre la salud tienen que ver con la prevención de los problemas cardiovasculares

2. Nutrición adecuada. En términos de efectos en la salud, los hábitos alimentarios de las personas

que viven en las sociedades desarrolladas, han pasado desde los estragos de las deficiencias

dietéticas de principios de siglo, a los estragos derivados del exceso, en las últimas décadas. Una

nutrición correcta se hace imprescindible para lograr un estado saludable. la dieta

saludable es aquella que minimiza el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con la nutrición

(Hegsted, 1984). Las dietas saludables proporcionan una cantidad adecuada de todos los nutrientes

esenciales para las necesidades metabólicas del organismo.

Las dos principales causas de morbilidad y mortalidad de la década de los 90, las enfermedades

cardiovasculares y el cáncer, se deben en gran medida a comportamientos nutricionales

inadecuados.

Entre los hábitos alimenticios más recomendables para implantar, se encuentran la

disminución del consumo de grasas animales, aumento del consumo de leche, patatas y

especialmente verduras, frutas y alimentos de alto contenido en fibra, reducir el consumo de azúcar,

dulces y harinas refinadas y evitar el consumo excesivo de alcohol.

3. Adoptar comportamientos de seguridad. Las tasas de muerte por accidentes persisten como la

tercera causa de muerte en los países desarrollados. La mayor parte de los accidentes podrían ser

evitados, pues la mayoría de ellos son ocasionados por la conducta de los individuos.

Comportamientos inapropiados en el manejo de automóviles, medicamentos, armas blancas y de

fuego, sustancias tóxicas, fuego, etc, son una fuente considerable de lesiones.

Los jóvenes, los pobres y las personas de edad avanzada sufren más lesiones que el resto de la población. Los mineros y los trabajadores de construcción, de industrias y agrícolas son el colectivo que presentan un mayor número de lesiones incapacitantes (Waller, 1987).

Especial mención merecen los accidentes de tráfico, por sus consecuencias nefastas.

Un objetivo específico es lograr un cambio conductual en todas estas prácticas.

 

 

4. Evitar el consumo de drogas. Uno de los tres problemas que más preocupan a nuestros

ciudadanos son las drogas. En la sociedad actual el uso de drogas ilegales (heroína, cocaína,

marihuana, etc.) y legales (alcohol, tabaco y drogas de prescripción) es un fenómeno que ha

adquirido gran relevancia. Estas sustancias son una fuente de problemas de salud, dando lugar a

diferentes clases de cánceres, enfermedades del aparato respiratorio, cardiopatía isquémica,

enfermedades cerebrovasculares y enfermedades mentales.

También son un foco de problemas de índole social, pues los consumidores producen inseguridad ciudadana, tráfico de drogas, crímenes, robos, etc.

5. Sexo seguro. Cada año millones de personas, la mayoría de ellos jóvenes, contraen

enfermedades transmitidas sexualmente (ej., gonorrea, herpes). Estas enfermedades han sido

siempre potencialmente peligrosas, pero durante los últimos 40 años, la mayoría pueden ser tratadas

eficazmente. Sin embargo, en la década de los años 80 la irrupción en escena del SIDA cambió

completamente el panorama. El SIDA consiste en la presentación de una o varias enfermedades como consecuencia de la infección previa producida por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

Uno de los problemas más preocupantes a los que debe hacer frente nuestra sociedad es el de los

embarazos no deseados, en concreto, en el colectivo de las adolescentes. Un embarazo no deseado

en una adolescente supone un serio problema para ella, su futuro hijo, sus padres, amigos y los

servicios sanitarios y educativos. Si bien es cierto, que muchos padres adolescentes adoptan decisiones responsables en caso de embarazo y proporcionan a sus hijos de un buen cuidado prenatal y obstétrico, también es cierto que otros  no lo hacen. Estos úlimos se acompañan de una incidencia desproporcionada de mortalidad infantil, descuido y maltrato a los niños,

6. Desarrollo de un estilo de vida minimizador de emociones negativas. Las emociones

negativas constituyen un riesgo para la salud. Estas influyen sobre la salud a través de diferentes

mecanismos. Quizás el más conocido es el Síndrome General de Adaptación (SGA) (Selye, 1936,

1956), también denominado estrés. Labrador (1992) define el estrés como: "Se considera que una

persona está en una situación estresante o bajo un estresor cuando debe hacer frente a situaciones

que implican demandas conductuales que le resultan difíciles de realizar o satisfacer. Es decir, que el individuo se encuentre estresado depende tanto de las demandas del medio como de sus propios

recursos para enfrentarse a él; o, si avanzamos un poco más, depende de las discrepancias entre las

demandas del medio, externo e interno, y la manera en que el individuo percibe que puede dar

respuesta a esas demandas" (p. 27).

La cronicidad de este síndrome de  estrés conlleva un aumento de la vulnerabilidad del individuo a padecer algún tipo de enfermedad. Los efectos neuroendocrinos e inmunitarios del estrés no constituyen un agente patógeno específico, sino que representan un riesgo específico, que hace a los sujetos más vulnerables ante las enfermedades en general.

En algunos estudios  se encontró que el incremento en el estrés estaba asociado a un incremento en el uso del alcohol y otras drogas. También se ha comprobado que parte de los efectos negativos que tiene el estrés sobre la salud proviene del hecho de que las personas sometidas a estrés, especialmente de tipo laboral presentan hábitos de salud peores que las personas que no lo sufren.

No obstante, el concepto capital en el enfoque interaccional del estrés es el de afrontamiento. Dotar al individuo de esos recursos conductuales y cognitivos para hacer frente al estrés, parece ser la vía

más adecuada, para minimizar los efectos perjudiciales del mismo sobre la salud.

7. Adherencia terapéutica. Para que el consejo médico tenga repercusiones beneficiosas sobre la

salud del paciente, se deben tener en cuenta dos aspectos. En primer lugar, el consejo debe ser

acertado. En segundo lugar, debe ser seguido por el individuo. Pues bien, la

realidad parece bien distinta, coincidiendo plenamente con lo que expresa un acertado adagio

castellano "de lo dicho a lo hecho hay un trecho".

Uno de los problemas más importantes con el que se puede encontrar un clínico en sus intervenciones es el de que el paciente no sigue sus prescripciones, a pesar de disponer de procedimientos eficaces para tratar o incluso prevenir los problemas.

Bien por olvido, por no comprender los mensajes o por falta de acuerdo en cumplirlos, el caso es que los pacientes no se "adhieren al plan preventivo o terapéutico". Todavía más

preocupante es el hecho del elevado número de personas que no se adhiere a los regímenes

prescritos llegándose a situaciones como en el caso de la hipertensión en el que el incumplimiento de las prescripciones médicas, y esto es más la norma que la excepción.

 

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA. SITUACIÓN DE LA PROMOCIÓN DE LOS

ESTILOS DE VIDA SALUDABLES.

 

Cada vez se incide más en que la gente deje de fumar, en que tenga una dieta adecuada y controle el peso, en que reduzca el consumo de alcohol y en que haga chequeos médicos periódicos.

Pero lo que sí también sabemos es que estos esfuerzos no siempre dan sus frutos y que la gente, aún

teniendo información adecuada sobre su salud, no cambia. ¿Por qué?

Desde los años 70 hasta hoy se vienen llevando a cabo varios programas para prevenir los factores

de riesgo de la enfermedad cardíaca coronaria, orientados a producir cambios en la dieta,

abandonar los cigarrillos y controlar la presión sanguínea elevada.

Para una explicación comprensiva podemos dividir la respuesta en dos grandes bloques, uno dedicado al cambio de actitudes y creencias para la promoción de una salud adecuada y, el otro, la utilización de la tecnología conductual para promocionar hábitos de salud adecuados

La terapia de conducta y casi toda la psicología clínica tiene como objetivo básico producir cambios de conducta. Junto a las técnicas de intervención comportamental la evaluación conductual nos proporciona un modo adecuado, empírico y explicativo de las acciones antecedentes y consecuentes que se relacionan con la conducta, lo que tiene una gran utilidad para la posterior intervención terapéutica tanto de tipo clínica como en el campo de la salud  la información para la persona no es suficiente, que su deseo de hacer un cambio en su conducta tampoco suele ser suficiente, sobre todo cuando tiene que pasar de una situación agradable (conducta sedentaria en el caso anterior) a otra desagradable (agujetas, al principio; mejora en la salud a largo plazo). De ahí, que sólo es posible hacer el cambio de conducta partiendo de los conocimientos que proporciona la psicología, la ciencia que estudia el comportamiento, para conseguir efectivamente los cambios adecuados para la mejora de la salud.

Así mismo y como factor de apoyo importante la Cultura proporciona una base sólida para el cambio de la conducta.

¿ES POSIBLE REALMENTE CONSEGUIR LA PROMOCIÓN DE ESTILOS DE VIDA SALUDABLE O ES ACTUALMENTE UNA UTOPÍA?

 

En una sociedad donde el valor supremo es el hedonismo (Brown, 1988). El

placer por el placer, rápido e instantáneo sin analizar siempre las consecuencias que ello acarrea a

medio y a largo plazo, esto explica el gran número de conductas de riesgo que las personas llevan a

cabo y la dificultad para controlar o reducir las mismas.

El cambio es un proceso cíclico y lento, más que rápido y lineal. Los estadios de cambio representan una dimensión temporal que nos permite comprender cuando

ocurren los cambios, ya sea a nivel cognitivo, afectivo o conductual.

En las dos últimas décadas estamos asistiendo a un cambio vertiginoso en el campo de la salud.

"el sistema de cuidado de salud está admirablemente equipado para extirpar un cáncer de pulmón pero está menos bien equipado para prevenir fumar cigarrillos o para

ayudar a los fumadores a romper con su hábito"

La respuesta a la pregunta que se plantea va a depender de cada país, de los distintos programas existentes, de la política sanitaria y del nivel de cultura e industrialización inteligente.

Programas desarrollados desde la psicología de la salud para promover estilos de vida adecuados, para prevenir y cambiar comportamientos inadecuados; se irán imponiendo por su racionalidad, eficacia y eficiencia. Cuanto antes los implantemos, mejor índice de salud tendremos todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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